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Estaban las
gallinas
recibiendo
el alimento
diario por
parte de su
dueño. Este
les repartía
el alimento
diciéndoles
palabras
cariñosas
para que
tuvieran más
producción
de huevos.
Cuando el
granjero se
retiró, la
gallina
líder les
dice:
"¡MOMENTO! a
poco se van
a dejar
llevar por
las
palabritas
de ese
pendejo, ¡ni
madre! ahora
no pongamos
ningún
huevo."
Al día
siguiente,
sorprendido
por la falta
de
producción,
el granjero
les vuelve a
dar su
alimento,
dejándoles,
además, unas
monedas para
que se
compraran
sus
golosinas.
Al retirarse
el granjero,
la gallina
rebelde
grita:
"¡MOMENTO!
no nos
dejemos
corromper
por este
farsante,
hoy tampoco
habrá
producción
de huevos."
Al día
siguiente el
productor,
todavía más
extrañado
por la
actitud de
sus aves,
les reparte
su alimento
en doble
ración y les
dice
palabras más
dulces que
la miel;
pero al
hacer como
que se
retira del
gallinero
descubre la
forma en que
la gallina
está
alborotando
a las demás
para que no
tengan
producción
de huevos.
Al ver tal
situación,
el ranchero
muy enojado
se lleva a
la líder y
la arroja
con los
gallos.
Estos,
sedientos de
placer al
ver a la
dama,
empiezan a
alborotarse
y cuando se
le van
acercando
grita la
gallina:
"¡Momento,
momento. Me
trajeron
aquí por
alborotadora,
no por puta! |