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La
infección causada por el
virus de la
inmunodeficiencia humana
(VIH) es una enfermedad
provocada por uno o dos
virus que
progresivamente
destruyen unos glóbulos
blancos llamados
linfocitos, provocando
el síndrome de
inmunodeficiencia
adquirida (SIDA) y otras
enfermedades derivadas
de una inmunidad
deficiente.
A comienzo de los años
80, los epidemiólogos
(personas que estudian
los factores que afectan
a la frecuencia y a la
distribución de las
enfermedades)
reconocieron un brusco
incremento de dos
enfermedades entre los
varones homosexuales
americanos. Una era el
sarcoma de Kaposi, una
variedad de cáncer poco
frecuente; la otra era
la neumonía por
pneumocistis, una forma
de neumonía que ocurre
sólo en personas con un
sistema inmunitario
comprometido.
La insuficiencia del
sistema inmunitario que
permitió el desarrollo
de cánceres raros e
infecciones poco
frecuentes recibió el
nombre de SIDA. También
se descubrieron
insuficiencias en los
sistemas inmunológicos
de las personas que se
inyectaban drogas, en
hemofílicos, en quienes
recibían transfusiones
de sangre y en varones
bisexuales. Poco
después, el síndrome
comenzó a detectarse en
heterosexuales que no
consumían drogas, en
hemofílicos y en
pacientes que recibían
transfusiones de sangre.
SIDA significa:
Síndrome:
conjunto de síntomas y
manifestaciones de
enfermedad.
Inmuno: se
refiere al sistema de
defensas, llamado
sistema inmunológico,
encargado de reconocer y
eliminar a los
microorganismos dañinos
para el ser humano.
Deficiencia:
falla o función
insuficiente. La
inmunodeficiencia hace
que el organismo humano
quede expuesto a un
sinnúmero de infecciones
y cánceres, ya que el
sistema inmunológico
está deficiente.
Adquirida: hace
referencia a que esta
enfermedad no se hereda,
sino que se puede
contraer en algún
momento de la vida.
Patogénesis:
Para infectar a una
persona, el virus debe
entrar en células como
los linfocitos, una
variedad de glóbulos
blancos. El material
genético del virus se
incorpora al ADN de una
célula infectada. El
virus se reproduce
dentro de la célula,
llegando a destruirla
finalmente y liberando
nuevas partículas del
mismo. Luego estas
nuevas partículas
infectan otros
linfocitos y también
pueden destruirlos.
El virus se adhiere a
los linfocitos que
presentan en su
superficie una proteína
receptora, llamada CD4.
Las células con
receptores CD4 suelen
ser llamadas células
CD4-positivas (CD4+) o
linfocitos T
colaboradores. Los
linfocitos T del tipo
colaborador tienen la
función de activar y
coordinar otras células
del sistema inmunitario,
como los linfocitos B
(que producen
anticuerpos), los
macrófagos y los
linfocitos T citotóxicos
(CD8+), todos los cuales
ayudan a destruir
células cancerosas y
microorganismos
invasores. Como la
infección por VIH
destruye los linfocitos
T colaboradores,
debilita el sistema con
que cuenta el organismo
para protegerse de las
infecciones y el cáncer.
Los infectados con VIH
pierden los linfocitos T
colaboradores (células
CD4+) en tres fases con
el paso del tiempo. Una
persona sana tiene un
número de linfocitos CD4
de aproximadamente 800 a
1 300 células por
microlitro de sangre. En
los primeros meses
posteriores a la
infección por el VIH,
este número puede
reducirse del 40 al 50
por ciento. Durante
estos primeros meses, el
enfermo puede transmitir
el VIH a otros porque en
su sangre circulan
muchas partículas del
virus. A pesar de que el
organismo lucha contra
éste, es incapaz de
eliminar la infección.
Después de
aproximadamente 6 meses,
el número de partículas
de virus en la sangre
alcanza un valor
estable, que varía de
persona a persona. Sin
embargo, siguen quedando
suficientes para
continuar la destrucción
de linfocitos CD4+ y
transmitir la enfermedad
a otros sujetos. Pueden
pasar muchos años en los
que se produce una
disminución lenta pero
progresiva de los
valores de dichos
linfocitos hasta niveles
por debajo de lo normal.
Los altos valores de
partículas víricas y los
bajos valores de
linfocitos ayudan al
médico a identificar a
los pacientes con mayor
riesgo de desarrollar
SIDA.
Durante el año o los dos
años anteriores al
desarrollo del SIDA, el
número de linfocitos
CD4+ suele descender más
rápidamente. La
vulnerabilidad a la
infección aumenta a
medida que el número de
linfocitos CD4+ baja a
menos de 200 células por
microlitro de sangre.
La infección por VIH
también altera la
función de los
linfocitos B,
componentes del sistema
inmunitario que generan
anticuerpos y suele
hacerles producir un
exceso de los mismos.
Estos anticuerpos son
dirigidos principalmente
contra el VIH y otras
infecciones con las
cuales la persona ha
tenido un contacto
previo. Pero éstos son
poco eficaces contra
muchas de las
infecciones oportunistas
del SIDA. Al mismo
tiempo, la destrucción
de los linfocitos CD4+
por parte del virus
reduce la capacidad del
sistema inmunológico en
el reconocimiento de
nuevos agentes
invasores.
Transmisión de la
infección:
El contagio del VIH
requiere del contacto
con humores corporales
que contengan células
infectadas o partículas
del virus; dichos
humores incluyen sangre,
semen, secreciones
vaginales, líquido del
cerebro y de la médula
espinal y leche materna.
El VIH también está
presente en las
lágrimas, la orina y la
saliva, pero en
concentraciones ínfimas.
El VIH se transmite
de las siguientes
maneras:
- A través de las
relaciones sexuales con
una persona infectada,
durante las cuales la
membrana mucosa que
reviste la boca, la
vagina o el recto queda
expuesta a los humores
corporales contaminados.
- Por una inyección o
infusión de sangre
contaminada, como ocurre
al realizar una
transfusión, por
compartir jeringuillas o
pincharse
accidentalmente con una
aguja contaminada con el
VIH.
- Transmisión del virus
desde una madre
infectada a su hijo
antes del nacimiento o
durante el mismo, o bien
a través de la leche
materna.
- La susceptibilidad a
la infección por VIH
aumenta cuando la piel o
una membrana mucosa
resulta dañada, como
puede suceder durante
una enérgica relación
sexual vía vaginal o
anal. Muchos estudios
han demostrado que la
transmisión sexual del
VIH es más probable si
uno de los dos miembros
de la pareja tiene
herpes, sífilis u otras
enfermedades de
transmisión sexual que
puedan causar lesiones
en la piel. Sin embargo,
el VIH puede ser
transmitido por una
persona infectada a otra
durante una relación
sexual vaginal o anal,
aunque ninguna de las
dos tenga otras
enfermedades de
transmisión sexual o
lesiones evidentes en la
piel. La transmisión
también puede tener
lugar durante el sexo
oral, a pesar de que es
menos frecuente.
En los Estados Unidos y
Europa, la transmisión
del VIH entre los
varones homosexuales y
los adictos a inyectarse
drogas se ha vuelto más
frecuente que la
transmisión entre
heterosexuales. Sin
embargo, el índice de
transmisión entre estos
últimos aumenta
rápidamente. A título
indicativo, en los
Estados Unidos, más del
10 por ciento de las
personas con SIDA son
mujeres, mientras que en
America Latina esta
cifra alcanza el 25 por
ciento, y la infección
por el VIH está
aumentando más
rápidamente entre las
mujeres que entre los
hombres. La transmisión
en África, el Caribe y
Asia es principalmente
entre heterosexuales y
la infección por el VIH
se produce en la misma
proporción entre hombres
y mujeres.
Antes de 1992, gran
parte de las mujeres
europeas y
norteamericanas
infectadas lo
adquirieron al
inyectarse drogas con
agujas contaminadas. Sin
embargo, el número de
casos derivados de la
transmisión sexual ha
sobrepasado lentamente
el número atribuido al
consumo de drogas.
Una persona que trabaja
en el ámbito de la salud
y accidentalmente se
pincha con una aguja
contaminada con el VIH
tiene una posibilidad
entre 300 de contraer el
virus. El riesgo de
infección aumenta si la
aguja penetra
profundamente o si se
inyecta sangre
contaminada. Tomar un
fármaco antirretrovírico
como el AZT (zidovudina)
parece reducir la
probabilidad de
infección tras pincharse
con una aguja, pero no
elimina el riesgo.
El SIDA representa en la
actualidad la primera
causa de muerte entre
los hemofílicos, que
necesitan frecuentes
transfusiones de sangre
completa u otros
productos plasmáticos.
Antes de 1 985, muchos
hemofílicos recibieron
productos sanguíneos
contaminados con el VIH.
Desde entonces, se
examina toda la sangre
recolectada para
controlar que no esté
contaminada y en la
actualidad los productos
plasmáticos son tratados
con calor para eliminar
el riesgo de contagio
del virus.
La infección por el VIH
en gran número de
mujeres en edad fértil
ha producido la
subsecuente transmisión
a los niños. El virus
puede ser transmitido al
feto al inicio de la
gestación a través de la
placenta o en el momento
del nacimiento al pasar
por el canal del parto.
Los niños que son
amamantados pueden
contraer la infección
por VIH a través de la
leche materna. Éstos
también pueden
infectarse si son objeto
de abusos sexuales.
El VIH no se transmite
por contacto casual ni
tampoco por un contacto
estrecho no sexual en el
trabajo, la escuela o el
hogar. No se ha
registrado ningún caso
de transmisión a través
de la tos o del
estornudo, ni tampoco
por una picadura de
mosquito. La transmisión
de un médico o de un
dentista infectado a un
paciente es
extremadamente rara.
Síntomas:
Algunos afectados
desarrollan síntomas
similares a los de la
mononucleosis infecciosa
varias semanas después
del contagio. La
temperatura elevada, las
erupciones cutáneas, la
inflamación de los
ganglios linfáticos y el
malestar general pueden
durar de 3 a 14 días.
Luego casi todos los
síntomas desaparecen,
aunque los ganglios
linfáticos pueden seguir
agrandados. Durante años
es posible que no
aparezcan más síntomas.
Sin embargo,
inmediatamente circulan
grandes cantidades de
virus en la sangre y
otros humores
corporales, por lo que
la persona se vuelve
contagiosa poco después
de infectarse. Varios
meses después de haber
contraído el virus, los
afectados pueden
experimentar síntomas
leves en repetidas
ocasiones que no encajan
aún en la definición del
síndrome completamente
desarrollado.
Una persona puede
presentar síntomas de
afección durante años
antes de desarrollar las
infecciones o los
tumores característicos
que definen al SIDA.
Éstos incluyen ganglios
linfáticos agrandados,
pérdida de peso, fiebre
intermitente y sensación
de malestar, fatiga,
diarrea recurrente,
anemia y aftas (una
lesión fúngica que se
produce en la boca). La
pérdida de peso
(emaciación) es un
problema particularmente
preocupante.
Por definición, el SIDA
comienza con un bajo
recuento de linfocitos
CD4+ (menos de 200
células por microlitro
de sangre) o con el
desarrollo de
infecciones oportunistas
(infecciones provocadas
por microorganismos que
no causan enfermedad en
personas con un sistema
inmunitario normal).
También pueden aparecer
cánceres como el sarcoma
de Kaposi y el linfoma
de Hodgkin.
Tanto la infección por
el VIH en sí misma como
las infecciones
oportunistas y los
cánceres producen los
síntomas del SIDA. Por
ejemplo, el virus puede
infectar el cerebro y
causar demencia, con
pérdida de la memoria,
dificultad de
concentración y una
menor velocidad en el
procesamiento de
informaciones. Sin
embargo, sólo unos pocos
enfermos de SIDA mueren
por los efectos directos
de la infección por el
VIH. Por lo general, la
muerte sobreviene por
los efectos acumulativos
de muchas infecciones
oportunistas o tumores.
Los microorganismos y
las enfermedades que
normalmente suponen una
pequeña amenaza para las
personas sanas
rápidamente pueden
causar la muerte en
estos enfermos;
especialmente cuando el
número de linfocitos
CD4+ baja a menos de 50
células por microlitro
de sangre.
Varias infecciones
oportunistas y cánceres
son típicos del comienzo
del SIDA. Las aftas, un
crecimiento excesivo de
la levadura Candida en
la boca, la vagina o el
esófago, puede ser la
infección inicial. El
primer síntoma en una
mujer pueden ser las
frecuentes infecciones
vaginales causadas por
hongos que no se curan
con facilidad. Sin
embargo, estas
afecciones son
frecuentes en las
mujeres sanas y pueden
deberse a otros
factores, como los
contraceptivos orales,
los antibióticos y los
cambios hormonales.
La neumonía causada por
el hongo Pneumocystis
carinii es una afección
oportunista recurrente y
frecuente en los
enfermos de SIDA. La
neumonía por
pneumocistis suele ser
la primera infección
oportunista grave que
aparece; fue la causa
más frecuente de muerte
entre los infectados por
el VIH antes de que se
perfeccionaran los
métodos para tratarla y
prevenirla.
La infección crónica con
el Toxoplasma (toxoplasmosis),
que persiste desde la
infancia, es bastante
frecuente, pero causa
síntomas en sólo una
minoría de las personas
con SIDA. Cuando se
reactiva en éstas, causa
una grave infección,
principalmente del
cerebro.
La tuberculosis es más
frecuente y más mortal
en los afectados por el
VIH y es difícil de
tratar si las especies
de bacterias que la
producen resultan
resistentes a varios
antibióticos. Otra
micobacteria, el
complejo Micobacterium
avium, suele causar
fiebre, pérdida de peso
y diarrea en enfermos
con el síndrome
avanzado. Puede tratarse
y prevenirse con
fármacos de reciente
creación.
Las infecciones
gastrointestinales
también son frecuentes
en el SIDA. El
Cryptosporidium, un
parásito que puede ser
adquirido a través de
agua o alimentos
contaminados, produce
diarrea intensa, dolor
abdominal y pérdida de
peso.
Ciclo vital
simplificado del virus
de la inmunodeficiencia
humana:
Al
igual que todos los
virus, el virus de la
inmunodeficiencia humana
(VIH) se reproduce
usando la maquinaria
genética de la célula
que lo alberga,
generalmente un
linfocito CD4. Existen
fármacos recientemente
legalizados que inhiben
dos enzimas víricas de
fundamental importancia
(la transcriptasa
inversa y la proteasa,
utilizadas por el virus
para reproducirse) y se
están creando fármacos
que apunten a una
tercera enzima, la
integrasa.
1. El
virus del VIH primero se
adhiere a una célula y
penetra en ella.
2. El ARN del VIH, que
constituye el código
genético del virus, es
liberado dentro de la
célula. Para
reproducirse, el ARN
debe ser convertido en
ADN. La enzima que
realiza la conversión
recibe el nombre de
transcriptasa inversa.
El virus VIH muta
fácilmente en este punto
porque la transcriptasa
inversa tiende a cometer
errores durante la
conversión del ARN
vírico en ADN.
3. El ADN vírico entra
en el núcleo de la
célula.
4. Con la ayuda de una
enzima llamada integrasa,
el ADN vírico se integra
con el ADN de la célula.
5. El ADN se replica y
reproduce ARN y
proteínas. Las proteínas
adoptan la forma de una
larga cadena que debe
cortarse en varias
partes una vez que el
virus abandona la
célula.
6. Un nuevo virus se
forma a partir del ARN y
de segmentos cortos de
proteína.
7. El virus escapa a
través de la membrana de
la célula, envolviéndose
en un fragmento de la
misma (envoltura).
8. Para resultar
infeccioso para las
otras células, otra
enzima vírica (la
proteasa del VIH) debe
cortar las proteínas
estructurales dentro del
virus que ha nacido,
haciendo que se
recoloquen
y se conviertan en la
forma madura del VIH.
La leucoencefalopatía
multifocal progresiva (LMP),
una infección vírica del
cerebro, puede afectar a
la función neurológica.
Los primeros síntomas
suelen ser la pérdida de
fuerza en un brazo o
pierna y falta de
coordinación o
equilibrio. En el
transcurso de días o
semanas, la persona
puede ser incapaz de
andar y mantenerse en
pie y suele morir tras
pocos meses.
El citomegalovirus
frecuentemente infecta a
los enfermos de SIDA.
Los pacientes avanzados
suelen reinfectarse, por
lo general en la retina,
causándoles ceguera. El
tratamiento con fármacos
antivíricos puede
controlar el germen. Las
personas con SIDA
también son muy
susceptibles a muchas
otras infecciones
bacterianas, micóticas y
víricas.
El sarcoma de Kaposi, un
tumor que aparece en la
piel en forma de placas
indoloras y
sobreelevadas, de color
rojo a púrpura, afecta a
los enfermos de SIDA,
especialmente a los
varones homosexuales.
También pueden
desarrollar tumores del
sistema inmunitario
(linfomas), pudiendo
éstos aparecer primero
en el cerebro u otros
órganos internos. Las
mujeres son proclives a
desarrollar cánceres de
cuello uterino. Los
varones homosexuales
pueden sufrir cáncer de
recto.
Diagnóstico:
Un
análisis de sangre
relativamente simple y
muy exacto (llamado test
ELISA) puede ser
utilizado para
determinar si una
persona está infectada
con el VIH. Con esta
prueba es posible
detectar anticuerpos
contra el virus. Los
resultados son
confirmados
rutinariamente por tests
cada vez más precisos.
No obstante, pueden
pasar varias semanas o
más tiempo desde que se
produce la infección
hasta que los
anticuerpos se
positivizan. Las pruebas
altamente sensibles
(antígeno P24) pueden
detectar el virus desde
el principio y en la
actualidad se usan para
analizar la sangre
donada para
transfusiones.
Varias semanas después
de la infección, los
afectados desarrollan,
generalmente,
anticuerpos contra el
VIH. Un reducido número
de personas infectadas
no produce cantidades
detectables de
anticuerpos durante
varios meses o más
tiempo aún. En cualquier
caso, la prueba ELISA
detecta los anticuerpos
en todas las personas
infectadas y casi todas
las que los poseen están
infectadas y son
contagiosas.
Si el resultado del test
ELISA indica que existe
infección por VIH, se
repite la prueba sobre
la misma muestra de
sangre para confirmar lo
que se ha descubierto.
Si los resultados son
nuevamente positivos, el
siguiente paso es
confirmarlos con un
análisis de sangre más
exacto y costoso, como
la prueba de Western
blot. Esta prueba
también identifica los
anticuerpos contra el
HIV, pero es más
específica que el test
ELISA. En otras
palabras, si el test
Western blot da
resultado positivo, la
persona, con casi toda
certeza está infectada
por el VIH.
Pronóstico:
La exposición al VIH no
siempre deriva en
infección y algunas
personas que han sido
expuestas reiteradamente
no resultan infectadas.
Además, muchos
infectados han estado
bien durante más de una
década. Sin el beneficio
de los tratamientos
actuales, una persona
infectada con HIV tenía
entre un uno y un dos
por ciento de
posibilidades de
desarrollar SIDA en los
primeros años después de
la infección; la
probabilidad continuaba
hasta aproximadamente el
5 por ciento cada año a
partir de entonces. El
riesgo de desarrollarlo
en los primeros 10 u 11
años después de contraer
la infección era
aproximadamente del 50
por ciento. Entre el 95
y el 100 por cien de las
personas infectadas
desarrollará finalmente
el SIDA, pero los
efectos a largo plazo de
los fármacos de reciente
creación y uso combinado
pueden mejorar esta
perspectiva.
Los primeros fármacos
utilizados para tratar
el VIH, como la AZT
(zidovudina) y la ddI (didanosina),
han reducido el número
de infecciones
oportunistas e
incrementado la
expectativa de vida de
estos pacientes y las
combinaciones de éstos
producen mejores
resultados. Los fármacos
nucleósidos más
recientes, como la d4T (estavudina)
y 3TC (lamivudina), así
como los inhibidores de
la proteasa del VIH,
como por ejemplo
saquinavir, ritonavir e
indinavir, son incluso
más potentes. En algunos
pacientes, la terapia de
combinación reduce la
cantidad de virus en la
sangre hasta cifras
indetectables. Sin
embargo, hasta el
momento no se han
conseguido curaciones.
Las técnicas para medir
la cantidad de virus
(ARN en el plasma) en la
sangre (por ejemplo, las
pruebas de la reacción
en cadena de la
polimerasa [PCR] y el
test de separación del
ácido
desoxirribonucleico [bADN])
pueden ayudar al médico
a observar los efectos
de estos medicamentos.
Dichos valores varían
ampliamente desde menos
de unos pocos cientos a
más de un millón de
virus que contienen ARN
por mililitro de plasma
y ayudan a realizar un
pronóstico para el
paciente. Los fármacos
más potentes suelen
bajar su concentración
de 10 a 100 veces. La
capacidad que tienen las
nuevas combinaciones de
medicamentos y las
técnicas de control para
mejorar la supervivencia
son prometedoras, pero
hasta el momento no han
sido totalmente
verificadas.
Al comienzo de la
epidemia de SIDA, muchos
afectados presentaban
una rápida disminución
en su calidad de vida
después de su primera
hospitalización y solían
pasar gran parte del
tiempo que les quedaba
en el hospital. La
mayoría moría a los dos
años de desarrollar la
enfermedad.
Con el desarrollo de
nuevos fármacos
antivíricos y mejores
métodos para tratar y
prevenir las infecciones
oportunistas, muchos
infectados mantienen sus
aptitudes físicas y
mentales durante años
tras habérseles
confirmado el
diagnóstico de SIDA. En
consecuencia, ésta se ha
convertido en una
enfermedad tratable, si
bien no curable todavía.
Prevención:
Los programas para
prevenir la propagación
del VIH se han centrado
principalmente en educar
al público en cuanto a
la transmisión del
virus, en un intento de
modificar el
comportamiento de las
personas más expuestas.
Los programas educativos
y de motivación han
tenido un éxito relativo
porque a muchos les
cuesta cambiar sus
hábitos adictivos o
sexuales. Impulsar el
uso de condones, que es
una de las mejores
maneras de evitar la
transmisión del VIH,
sigue siendo un tema
controvertido.
Suministrar agujas
esterilizadas a los
drogadictos, otro método
que sin duda alguna
reduce la propagación
del SIDA, también ha
encontrado resistencia
entre los ciudadanos.
Hasta el momento, las
vacunas para prevenir la
infección por VIH o bien
para retardar su avance
han resultado poco
eficaces. Se están
ensayando docenas de
vacunas y muchas han
fallado, pero la
investigación continúa.
Los hospitales y las
clínicas no suelen
aislar a los pacientes
VIH-positivos a menos
que tengan infecciones
contagiosas, como por
ejemplo tuberculosis.
Las superficies
contaminadas por el VIH
pueden ser limpiadas y
desinfectadas fácilmente
porque éste resulta
inactivado por el calor
y gracias a la acción de
desinfectantes comunes
como el peróxido de
hidrógeno y el alcohol.
Los hospitales cuentan
con estrictos
procedimientos en cuanto
a la manipulación de
muestras de sangre y
otros humores corporales
con el fin de evitar la
transmisión del virus y
otros microorganismos
contagiosos. Estas
precauciones universales
se aplican a todas las
muestras de todos los
pacientes, no sólo a las
que provienen de un
infectado.
Tratamiento:
En la actualidad existen
muchos fármacos para el
tratamiento de la
infección, incluyendo
los inhibidores
nucleósidos de la
transcriptasa inversa,
como por ejemplo el AZT
(zidovudina), el ddI (didanosina),
el ddC (zalcitabina), el
d4T (estavudina) y el
3TC (lamivudina); los
inhibidores no
nucleósidos de la
transcriptasa inversa,
como la nevirapina y la
delavirdina; y los
inhibidores de la
proteasa, como por
ejemplo saquinavir,
ritonavir e indinavir.
Todas evitan que el
virus se reproduzca y en
consecuencia retardan la
progresión de la
enfermedad. El HIV suele
desarrollar resistencia
a todos estos fármacos
cuando son utilizados
aisladamente, en un
periodo variable que
puede ir desde unos
pocos días a unos pocos
años dependiendo del
tipo de fármaco y del
paciente.
El tratamiento parece
ser más eficaz cuando se
combinan al menos dos
fármacos, lo cual puede
retrasar la aparición
del síndrome en los
VIH-positivos y
prolongar su vida en
comparación con el
efecto que produce uno
solo. No se sabe a
ciencia cierta en qué
momento a partir de la
infección debe
comenzarse el
tratamiento, pero las
personas con altos
valores de VIH en su
sangre, e incluso las
que tienen altos números
de CD4+ y ausencia de
síntomas, deben ser
tratadas. Estudios
previos que parecían
demostrar que no existía
ninguna ventaja en
comenzar el tratamiento
de forma precoz no son
necesariamente
relevantes ahora que se
han desarrollado muchos
otros medicamentos y
combinaciones. Sin
embargo, el costo y los
efectos colaterales de
dos o tres tratamientos
pueden ser demasiado
altos para algunas
personas que viven en
países industrializados
y para muchas de las que
viven en países menos
desarrollados.
Los fármacos AZT, ddI,
d4T y ddC pueden
provocar efectos
colaterales como dolor
abdominal, náuseas y
dolor de cabeza
(especialmente el AZT).
El uso prolongado del
AZT puede dañar la
médula ósea y provocar
anemia. El ddI, ddC y
d4T pueden dañar los
nervios periféricos y el
ddI puede dañar el
páncreas. Entre los
nucleósidos, el 3TC
parece tener la menor
cantidad de efectos
colaterales.
Los tres inhibidores de
la proteasa pueden
provocar efectos
colaterales, incluyendo
náuseas, vómitos,
diarrea y malestar
abdominal. El indinavir
produce un leve y
reversible incremento en
las enzimas hepáticas
que no provoca síntoma
alguno y puede causar un
intenso dolor de espalda
(cólico renal) similar
al que provocan los
cálculos renales. El
ritonavir tiene la
desventaja de elevar y
hacer descender los
valores de muchos otros
fármacos a través de sus
efectos sobre el hígado.
El saquinavir puede ser
mejor tolerado, pero no
se absorbe bien y en
consecuencia no resulta
tan eficaz tal y como se
dispensa desde 1996.
A pacientes con SIDA se
les suelen prescribir
muchos fármacos para
prevenir las
infecciones. Para evitar
la neumonía pneumocistis,
cuando el número de
linfocitos CD4 baja
hasta menos de 200
células por microlitro
de sangre, la
combinación de
sulfametoxazol y
trimetoprim es altamente
eficaz. Esta combinación
también evita las
infecciones cerebrales
toxoplasmáticas. En las
personas con un número
de linfocitos CD4+ menor
a 75 o 100 células por
microlitro de sangre, la
azitromicina tomada
semanalmente, la
claritromicina o bien la
rifabutina tomada a
diario pueden evitar las
infecciones causadas por
Mycobacterium avium. Las
personas que se
recuperan de meningitis
criptocócica o aquellas
que experimentan
repetidos brotes de
aftas (infecciones de la
boca, el esófago o la
vagina con el hongo
Candida) pueden tomar
fluconazol, un fármaco
antimicótico, durante
períodos prolongados.
Las personas con
episodios recurrentes de
infecciones causadas por
herpes simple en la
boca, los labios, los
genitales o el recto
pueden necesitar un
tratamiento prolongado
con el antivírico
aciclovir para evitar
recaídas.
La
leucoencefalopatía
multifocal progresiva (LMP),
una infección vírica del
cerebro, puede afectar a
la función neurológica.
Los primeros síntomas
suelen ser la pérdida de
fuerza en un brazo o
pierna y falta de
coordinación o
equilibrio. En el
transcurso de días o
semanas, la persona
puede ser incapaz de
andar y mantenerse en
pie y suele morir tras
pocos meses.
El citomegalovirus
frecuentemente infecta a
los enfermos de SIDA.
Los pacientes avanzados
suelen reinfectarse, por
lo general en la retina,
causándoles ceguera. El
tratamiento con fármacos
antivíricos puede
controlar el germen. Las
personas con SIDA
también son muy
susceptibles a muchas
otras infecciones
bacterianas, micóticas y
víricas.
El sarcoma de Kaposi, un
tumor que aparece en la
piel en forma de placas
indoloras y
sobreelevadas, de color
rojo a púrpura, afecta a
los enfermos de SIDA,
especialmente a los
varones homosexuales.
También pueden
desarrollar tumores del
sistema inmunitario
(linfomas), pudiendo
éstos aparecer primero
en el cerebro u otros
órganos internos. Las
mujeres son proclives a
desarrollar cánceres de
cuello uterino. Los
varones homosexuales
pueden sufrir cáncer de
recto. |